Tengo WhatsApp, claro. Como todo el mundo (y, además, cometí el error de no separar número personal del profesional… pero de eso ya hablaremos otro día). Pero en mi web no aparece por ningún sitio, no invito a nadie a escribirme por ahí y, sobre todo, no lo uso para primeras tomas de contacto. Si quieres contarme tu proyecto, te propondré siempre una llamada, una videollamada o un correo.
Ojo: no digo que WhatsApp no sirva para contactar con un negocio. Digo que no es para mí. Y te explico por qué.
Y sí, sé que esto me va a costar algún cliente. Lo asumo (y me da igual, no voy a mentir).
Porque, cada vez más, me llegan mensajes de personas a las que no conozco de nada, con parrafadas de veinte líneas o audios que duran más que algunos episodios de pódcast. Y cuando les propongo hablar por teléfono… no quieren.
Así que vamos a hablar de ello. Con cariño. Pero claro.
Lo que me llega por WhatsApp
Si trabajas por tu cuenta, seguramente reconocerás alguna de estas escenas:
- La parrafada. Un desconocido te escribe un mensaje que no cabe en la pantalla: su negocio, su historia, lo que hizo el anterior diseñador, lo que quiere, lo que no quiere, y una pregunta al final. O tres.
- El audio-pódcast. Seis, siete, ocho minutos. Con ruido de fondo, alguna interrupción y un “bueno, ya te lo explico mejor otro día” al final.
- La ráfaga. Quince mensajes seguidos, cada uno con media idea, a las 22:47 de un domingo.
- La negativa. Y cuando respondes amablemente “¿te va bien que te llame mañana y lo hablamos con calma?”, la respuesta es: “mejor por aquí, que ahora no puedo hablar”.
Ahora no puedes hablar. Pero sí pudiste grabar ocho minutos de audio.
Por qué no hago primeras tomas de contacto por WhatsApp
Porque una conversación no es un monólogo
En una primera toma de contacto yo pregunto mucho. Necesito entender tu negocio, qué quieres conseguir y qué has probado antes. Eso es una conversación de ida y vuelta, y por WhatsApp se convierte en un pimpón de días: tú mandas un audio, yo respondo con cinco preguntas, tú contestas dos… Una llamada de veinte minutos resuelve lo que por chat tarda una semana.
Porque mi WhatsApp también es el de mi vida
Comparto número personal y profesional. No es lo ideal, lo sé. Pero precisamente por eso no voy a convertir el chat donde hablo con mi familia en la bandeja de entrada de cualquiera que encuentre mi teléfono en Google.
Porque la información se pierde
Un presupuesto necesita datos claros. Un correo se archiva, se busca y se puede reenviar. Un audio de ocho minutos entre otros cincuenta mensajes, no. Y cuando dentro de tres meses alguien diga “pero yo te dije que…”, me gustaría poder encontrarlo.
Porque el tiempo de los demás también cuenta
Un audio es comodísimo… para quien lo graba. Quien lo recibe tiene que dejar lo que está haciendo, buscar un sitio sin ruido y escucharlo entero, porque la información importante siempre está en el minuto seis. Grabar un audio largo es trasladar el esfuerzo de ordenar las ideas a la otra persona.
Porque cómo empieza una relación dice mucho de cómo seguirá
Si en el primer contacto alguien no tiene quince minutos para una llamada, ¿cuánto tiempo va a tener para revisar una web, aprobar unos textos o mandarme fotos? No es una regla infalible. Pero desde 2008, rara vez me ha fallado.
Lo que sí entiendo (y agradezco)
Que nadie se ofenda antes de tiempo: no tengo nada contra WhatsApp. Lo uso a diario con clientes con los que ya trabajo, para avisos rápidos, para mandar una captura o confirmar una hora.
Y entiendo perfectamente un mensaje breve del tipo: “Hola, Elisabet, me ha pasado tu contacto X. ¿Cuándo te va bien que te llame?” o “¿Me pasas tu correo para enviarte la información?”. Eso no es una primera toma de contacto por WhatsApp. Es usar WhatsApp para concertarla. Y me parece estupendo.
También entiendo, y mucho, que se use WhatsApp con negocios que lo ofrecen. Si una tienda online tiene su botón de WhatsApp en la web, es lógico usarlo para resolver dudas rápidas: cuánto cuesta el envío, si se puede pagar contra reembolso, si tienen una talla. Ese negocio ha elegido ese canal, y para ese tipo de preguntas es perfecto.
Yo no lo he elegido. En mi web no hay ningún botón de WhatsApp, y no es por descuido. Lo que yo ofrezco no se resuelve con una duda rápida: necesita una conversación.
La diferencia está en usar el canal para abrir la puerta… o para instalarse dentro.
Lo que respondo cuando me llega una parrafada
Mi respuesta es siempre la misma, y siempre amable:
“Hola, gracias por escribirme. Para poder entender bien tu proyecto, prefiero que lo hablemos con calma en una llamada de unos minutos. ¿Qué día y hora te van bien? Si lo prefieres, también puedes escribirme a mi correo.”
La mayoría de las veces funciona. Hablamos, nos entendemos y, si encaja, agendamos una reunión.
Pero no siempre. Hay quien insiste: “no, mejor por aquí”, y vuelve con otro audio. Y ahí, lo confieso, mi paciencia tiene un límite. Alguna vez he tenido que decir, con algo menos de dulzura de la que me gustaría, que no uso WhatsApp para primeras tomas de contacto. Punto.
¿Pierdo clientes por eso? Seguramente. ¿Los quería? Probablemente, no.
¿Soy una antigua?
Puede ser. Me lo he preguntado, y quiero ser justa con los argumentos contrarios:
- “Hay gente a la que le cuesta hablar por teléfono.” Ya… a mí también me cuesta ir al dentista, pero voy porque sé que tengo que ir. No hay más. En cualquier caso, también existe el correo, que tampoco es una llamada.
- “Mucha gente ya solo usa WhatsApp.” También es verdad. Y, como decía, hay negocios para los que es el canal perfecto. Pero lo que yo hago no es preguntar cuánto cuesta un envío: es entender un negocio para proponer una estrategia.
- “Es más rápido.” Para quien escribe, sí. Para el proyecto, casi nunca.
Así que no, no creo que sea una cuestión de edad ni de tecnología. Es una cuestión de respeto mutuo: por tu proyecto, que merece una conversación de verdad, y por mi tiempo, que también tiene valor.
Y, como decía en el silencio también comunica, la forma en que nos comunicamos dice mucho de cómo trabajamos.
Preguntas frecuentes
Por correo o desde el formulario de su web, contando en pocas líneas quién eres y qué necesitas, y proponiendo una llamada. Si solo tienes su teléfono, un mensaje breve para concertar esa llamada es perfecto.
No, si hay confianza y el audio es breve. Con alguien a quien todavía no conoces, mejor escribir o llamar: es más claro y más respetuoso con su tiempo.
¿Y si ya trabajamos juntos?
Entonces WhatsApp es un canal más para avisos rápidos. Pero las decisiones importantes y los cambios en un proyecto, mejor por correo, para que quede todo por escrito.
Si quieres contarme tu proyecto, me encantará escucharte. Con calma, en una llamada y sin audios de ocho minutos. ¿Hablamos?

